A un mes de la entrada en vigor de la reforma al Código Civil en el Estado de México, la administración estatal ha reportado que 26 familias han decidido colocar el apellido materno en primer lugar al registrar a sus hijos. Esta medida, promovida bajo la gestión de la Gobernadora Delfina Gómez Álvarez, busca transformar las dinámicas tradicionales de identidad, permitiendo que madres y padres acuerden libremente el orden de los apellidos según su propia historia y valores familiares.

La Dirección General del Registro Civil señaló que este cambio jurídico es una respuesta a las demandas de igualdad sustantiva en la entidad. Anteriormente, el orden de los apellidos estaba predeterminado por usos y costumbres que priorizaban la figura paterna; sin embargo, con la nueva normativa, se reconoce legalmente la autonomía de las familias para decidir cómo desean heredar su identidad a las nuevas generaciones, fortaleciendo el rol de la mujer en la estructura legal del núcleo familiar.

Un caso emblemático de esta apertura es el de la familia conformada por Cecilia Machuca y Alejandro Gutiérrez, quienes decidieron que su hijo llevara el apellido de su abuela paterna como primer referente. El padre explicó que esta elección es un homenaje a su madre, quien como jefa de familia soltera fue el pilar de su crianza. Historias como esta reflejan que la reforma no solo es un ajuste administrativo, sino una herramienta para honrar legados de esfuerzo y matrilinaje.
Para las autoridades mexiquenses, este avance representa un hito en la justicia social y el derecho a la identidad. El Registro Civil subrayó que estas acciones eliminan barreras de género que históricamente invisibilizaron el papel materno en la documentación oficial. Al otorgar certeza jurídica en condiciones de paridad, el Estado de México se alinea con modelos internacionales de inclusión que respetan las decisiones privadas de los ciudadanos sobre su propia genealogía.
La gobernanza actual ha enfatizado que la «parte humana» es el eje rector de estos trámites, permitiendo que el proceso de registro sea un acto de libertad y no una imposición burocrática. Con 26 registros realizados bajo este nuevo esquema en apenas 30 días, la tendencia muestra una aceptación creciente entre la población, lo que augura un cambio cultural profundo en la percepción del parentesco y la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.
