Un cohete New Glenn de Blue Origin sufrió una explosión en su rampa de lanzamiento durante una prueba de encendido estático en tierra la noche del miércoles 28 de mayo, en la Estación de la Fuerza Espacial de Cabo Cañaveral, Florida. La compañía confirmó el incidente a través de su cuenta en X, y señaló que todo el personal se encuentra localizado y a salvo. Jeff Bezos, fundador de la empresa, tomó la palabra pocas horas después para reconocer la gravedad del evento: «Ha sido un día muy duro, pero reconstruiremos lo que haga falta y volveremos a volar».

La Administración Federal de Aviación (FAA) informó que la prueba que derivó en la explosión no se encontraba dentro del alcance de las actividades autorizadas por el organismo, aunque aclaró que el incidente no afectó el tráfico aéreo en la zona. Por su parte, el administrador de la NASA, Jared Isaacman, y la Fuerza Espacial de Estados Unidos también emitieron comunicados confirmando que están al tanto de la situación y que colaborarán con Blue Origin en la investigación para determinar las causas exactas de la anomalía.
El accidente se produce en un momento particularmente delicado para la compañía. Esta misma semana, Blue Origin había anunciado que el New Glenn retornaría a operaciones tras una investigación abierta por la FAA, luego de que su tercer vuelo, realizado el 19 de abril, fallara en colocar en órbita el satélite BlueBird 7 de AST SpaceMobile, aunque sí logró recuperar con éxito la primera etapa del propulsor. La cuarta misión del cohete tenía previsto transportar 48 satélites para reforzar la constelación de banda ancha de Amazon.
El historial reciente del New Glenn refleja los altibajos típicos de un programa espacial en etapa de maduración. Su vuelo inaugural en enero de 2025 fue considerado un éxito, aunque no logró recuperar el propulsor. El segundo lanzamiento, en noviembre de ese mismo año, salió sin contratiempos y llevó a Marte la misión Escapade de la NASA. La empresa ha invertido considerables esfuerzos en perfeccionar la reutilización de propulsores, una capacidad que podría hacerle frente al dominio de SpaceX en el mercado de lanzamientos.
Más allá del programa de lanzamientos, la explosión siembra incertidumbre sobre las ambiciones lunares de Blue Origin. La compañía tiene un contrato con la NASA para desarrollar un módulo de aterrizaje tripulado destinado al programa Artemis, y se esperaba que una versión no tripulada del vehículo viajara a la Luna a bordo de un New Glenn este año. Isaacman indicó que la agencia evaluará el impacto del incidente en los plazos del programa y compartirá información a medida que esté disponible.
