La integración de la inteligencia artificial (IA) en los procesos judiciales de México ha dejado de ser una proyección a futuro para convertirse en una herramienta operativa en el presente. Durante una mesa de diálogo en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, especialistas y juzgadores coincidieron en que el uso de estas innovaciones tecnológicas representa una oportunidad histórica para abatir el rezago procesal y cumplir con el mandato constitucional de una justicia pronta y expedita. Pablo Pruneda Gross, coordinador en el IIJ, destacó que, si bien la tecnología es un auxiliar valioso, la responsabilidad final de dictar sentencia permanece estrictamente en manos humanas.

El debate se centró en cómo la IA puede optimizar tareas de análisis, estudio y redacción, sin que esto signifique delegar la toma de decisiones. Pruneda subrayó que la actividad jurisdiccional en el país ha sido frecuentemente cuestionada por su ineficiencia, por lo que la implementación ética de sistemas inteligentes aparece como un multiplicador de capacidades. Sin embargo, enfatizó que estas herramientas deben verse exclusivamente como un soporte para los juzgadores y no como un reemplazo de la sensibilidad y el criterio jurídico necesarios para evaluar cada caso.
Magistrados y jueces compartieron casos prácticos donde la tecnología ya ha marcado una diferencia sustancial. Un ejemplo relevante es el del magistrado Juan Jaime González Varas, quien en 2025 utilizó la IA para transparentar el cálculo de montos de garantías. Asimismo, en marzo de 2026, el juez Hugo Roberto Pérez Lugo emitió una circular pionera para regular el empleo cotidiano de estas funciones en la Ciudad de México, permitiendo la simplificación de ideas en las sentencias y el análisis de grandes volúmenes de datos.
En el ámbito de lo familiar, donde la carga emocional suele ser elevada, el juez Jorge Luis Herrera Alor señaló que la IA ayuda a mantener la objetividad al filtrar el exceso de subjetividad inherente a estas materias. Esta protección contra sesgos emocionales permite a los jueces centrarse en los hechos y el derecho aplicable, garantizando procesos más equilibrados para las partes involucradas, especialmente en situaciones complejas de oralidad.
Finalmente, expertos en propiedad intelectual y derecho recalcaron que la IA no tiene la facultad de evaluar pruebas ni de cargar con la responsabilidad sobre los derechos fundamentales de las personas. La conclusión de este encuentro académico y práctico fue clara: la tecnología es un aliado para quienes saben utilizarla, pero la justicia sigue siendo, por definición y necesidad, un acto de conciencia humana. La ética y la regulación serán los pilares que definan el éxito de esta transición digital en el Poder Judicial.
