El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ofreció sus primeras declaraciones extensas tras el tiroteo registrado el pasado sábado durante la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca. Durante una entrevista para el programa 60 Minutes, el mandatario republicano calificó de «honor» —aunque matizó el uso de la palabra— el ser blanco de agresiones, argumentando que esto se debe a que es una figura influyente que ha logrado transformar profundamente al país, generando rechazo en ciertos sectores.
Trump calificó a su agresor, identificado como Cole Tomas Allen, un profesor de 31 años originario de California, como una persona «enferma» y «muy perturbada». El mandatario aprovechó el espacio para criticar la retórica de sus opositores y el discurso de grupos como «No a los Reyes» (No Kings), vinculándolos con el clima de violencia política. Aseguró que, pese a los riesgos inherentes a su cargo, intenta mantener una vida normal y se siente mentalmente sólido frente a la adversidad.
Durante el encuentro periodístico, se vivieron momentos de tensión cuando se citaron fragmentos del manifiesto del atacante, quien acusaba al presidente de delitos graves. Trump reaccionó con visible molestia, negando categóricamente las acusaciones y arremetiendo contra la prensa por reproducir lo que llamó «porquería escrita por un enfermo». Reiteró que ha sido exonerado de investigaciones pasadas y cuestionó la ética de los comunicadores al darle voz a los motivos del agresor.
En el ámbito de la seguridad, el presidente insistió en que incidentes como este refuerzan su propuesta de construir un salón de baile de alta seguridad dentro de la Casa Blanca, con un costo estimado de 400 millones de dólares, argumentando que sedes externas como el hotel Hilton no ofrecen las garantías necesarias. Asimismo, confirmó que la agenda diplomática no se verá alterada y que la visita de Estado del rey Carlos de Inglaterra, programada para esta semana, continúa en pie.
Por su parte, el fiscal general interino, Todd Blanche, informó que el sospechoso no está cooperando con las autoridades. Las investigaciones preliminares indican que Allen viajó desde California específicamente para realizar el ataque y que había enviado un manifiesto a su familia minutos antes del suceso. Se sabe que el agresor mantenía una retórica anticristiana en redes sociales y buscaba atentar contra diversos funcionarios de la actual administración.
Desde México, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo reiteró su solidaridad con el mandatario estadounidense y su familia. Durante su conferencia matutina en Palacio Nacional, Sheinbaum condenó enérgicamente cualquier forma de violencia política, subrayando que la democracia debe ser el único camino para dirimir diferencias. Destacó que México fue la primera nación en manifestar su apoyo tras el incidente, reafirmando una postura de rechazo total a este tipo de agresiones.
