La despenalización de la eutanasia no conlleva un incremento desmedido en las solicitudes de muerte asistida, según los hallazgos presentados por el investigador Sergio Ramos Pozón, de la Universidad de Barcelona. Durante una sesión de la Cátedra Extraordinaria de Bioética de la UNAM, el especialista explicó que, contrario a la creencia popular de un «efecto cascada», las cifras en países europeos muestran una tendencia a la estabilidad o incluso a la disminución.

Ramos Pozón detalló que en naciones con legislaciones maduras sobre el tema, como Suiza y Países Bajos, el porcentaje de casos ha mantenido niveles bajos. Por ejemplo, en Suiza la incidencia pasó del 6.3% en 2003 al 4.8% en 2018, mientras que en Países Bajos las cifras se han mantenido cerca del 1.3%. Estos datos sugieren que la existencia de un marco legal no incentiva la práctica, sino que ofrece una salida regulada a situaciones de sufrimiento extremo.
El filósofo y experto en ética también abordó la reciente legislación en España, vigente desde 2021, la cual cuenta con un respaldo social superior al 50%. El modelo español requiere que el solicitante sea residente legal, mayor de edad, y padezca una enfermedad grave e incurable o un cuadro crónico imposibilitante. Además, el proceso exige el consentimiento informado y la validación de dos médicos distintos, cuyas evaluaciones son revisadas por una comisión de garantías.
Uno de los puntos más debatidos en la charla fue la aplicación de la eutanasia en casos de salud mental. Ramos Pozón citó estudios que defienden que el sufrimiento psicológico puede ser tan incapacitante como el dolor físico. El investigador señaló que el diagnóstico de un trastorno mental no anula automáticamente la capacidad de una persona para tomar decisiones autónomas sobre su vida, por lo que abogó por evaluaciones individuales y minuciosas.
Finalmente, el académico reconoció que el sistema enfrenta retos operativos, como la sobrecarga de trabajo para el personal sanitario que realiza estas prácticas de forma voluntaria. Asimismo, mencionó casos específicos de «cansancio vital» o sufrimiento existencial en adultos mayores, un debate complejo que sigue vigente en la bioética contemporánea. La sesión concluyó subrayando la importancia de una regulación estricta para garantizar los derechos y la dignidad de los pacientes.
